Hemos visitado la última exposición del MNCARS, y hemos quedado perturbados

Desde el 12 de abril, el público madrileño está algo más inquieto de lo normal, pues hay en el Palacio Velázquez una exposición que no deja impasible a nadie. Se trata de la monográfica que le dedica el Museo Reina Sofía al artista japonés Tatsuya Ishida.

En su país de origen, Tetsuya Ishida (1973 – 2005) se ha convertido en un autor de culto. Sin embargo, hasta ahora ha permanecido relativamente desconocido para el resto del mundo. Es por ello que el Museo Reina Sofía ha decidido dar a conocer a nivel internacional una de las figuras más representativas de la “generación perdida” japonés. Sin duda hubiese llegado a lo más alto de la escena artística internacional, de no haber fallecido repentinamente a los 32 años.


Tetsuya Ishida, "Despertar", 1998, via loff.it

¿Qué tiene de especial esta exposición?

Ni conceptual, ni abstracto: figurativo. Ni americano, ni francés, ni alemán: japonés. No es que no nos fascinen la expresividad del arte abstracto ni el encanto del arte conceptual, pero entre tanta exposición de arte contemporáneo, de vez en cuando está muy bien ver algo totalmente diferente.

Ishida nos presenta un arte que en su formato podría parecer incluso clásico: son, al fin y al cabo, cuadros colgados con escenas figurativa. Poco rompedor, ¿no?

En absoluto: la fuerza temática y el tono agrio de las obras las hacen indudablemente contemporáneas. Pero, ¿cómo son exactamente estas pinturas?


Tetsuya Ishida, "Retirado", 1998, via Takemi Art Photos

¿De qué nos hablan?

Las pinturas de Ishida están habitadas por un mismo personaje, un varón joven de mirada triste y semblante serio, que es un autorretrato de todos, un retrato de cualquiera.

Refleja la angustia y la soledad de la vida contemporánea, y la manera tóxica en que nos relacionamos con el trabajo y la tecnología.


¿Cómo nos hablan de eso?

A través de imágenes siniestras y perturbadoras, que sin embargo no podemos dejar de mirar y que, a pesar de ser tan extrañas, transmiten una sensación que todos podemos identificar. Humanos que se convierten en máquinas, en bichos, en objetos cotidianos. Son los habitantes de un mundo gris y totalmente deshumanizado.



Tetsuya Ishida, "Búsqueda", 2001, via masdearte.com

¿Qué provocan en el espectador?

Estas pinturas tan frías representan un mundo exageradamente automatizado y deshumanizado precisamente para generar lo contrario, para despertar en el espectador un sentimiento de empatía, de humanización. Ni el visitante más rudo Resulta es capaz de quedarse impasible ante esta exposición.

Sin duda todo visitante sale de esta exposición con el espíritu revuelto, y puede que incluso también el estómago. Por suerte, está perfectamente situado en mitad del Parque del Retiro, por lo que para equilibrar las emociones aconsejamos un paseo tranquilo bajo los árboles.

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